Cuando luce el insomnio sombras de vos;
tu cuerpo emerge en la penumbra,
la noche entre recuerdos alumbra,
el indiviso contorno de los dos.
Agazapada en tu piel me veo;
el latido de tu sangre me abriga,
perece dulcemente toda intriga,
y se oye el canto del Leteo.
¡Cuánta belleza hay en mi desvelo!
Puedo evocarte hasta olerte,
transformar el vacío en anhelo.
Sueño despierta en tu abrazo tibio
-aunque el azar me niegue esa suerte-
memoria nítida, feliz alivio.
IMAGEN Y TEXTO: Ana.
