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VIENTO EN EL ROSTRO


Ella mira la calle y quiere salir
andar, correr, escabullirse
en la noche infinita,
dejar por fin a la mujer cansada
y ser universal
de todos y de nadie,
sentir el viento en el rostro
y con una sonrisa implacable,
jugar a ser libre.



Dedicado a Deby, amiga entrañable.


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IMAGEN Y TEXTO: Ana.

DISCRECIÓN



Desde el primer disparo supe
que no cabríamos
en un mundo sin gemidos,
inyección de adrenalina,
peligroso huir del sinsentido.
Eso que en vos se agita
ante mi ser intemperante,
también me invade al verte...
¿Desgracia o justicia
será nuestra suerte?
Ayer y mañana no existen,
sino este presente equivocado:
¿Qué licencia te permite
anclarte en mí con esos ojos,
bella criatura, exquisito pecado?


                 Triste el destino
           de los besos marchitos
                  en el intento.


-“Jurame que no has vuelto a pensar en mí”
-Le dijo ella en un susurro-
- “Te pido discreción”
- Le dijo él en un lamento-.



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IMAGEN Y TEXTO: Ana.

INSTINTO FALAZ




Dubitante y sin consuelo
el famélico lobo no sabía
si matar o morir.





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IMAGEN Y TEXTO: Ana. 
PIEZA MUSICAL: "Jealous Guy" - Por Pedro Aznar

EGRESADA DEL SILENCIO

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Cuando Sofía decidió privarse del habla, lo hizo sin darse cuenta que venía practicando cierto mutismo hacía varios días. Ignoraba que muchas veces quedarse mudo no es una elección, sino una necesidad; y en el peor de los casos, una desgracia.
Casi monosilábica, se limitaba a responder sólo preguntas urgentes. “Sí, no, permiso, gracias”, fueron sus expresiones de guardia, el resto correspondía a la esfera de la gestualidad.
Cuantas menos palabras pronunciaba por día, tanto más agudo se volvía su sentido auditivo y visual. Llegando a la noche, el caudal de sus diálogos internos le producía una fatiga inusual.
Sofía no estaba triste, la tristeza era un lujo que había quedado muy atrás. Ella simplemente no quería dar, signos de existencia. ¿Un antojo, un capricho, una manifestación del horror? Conjeturas. Lo cierto es que a cada oportunidad de verbalización, desistía, como dominada por una fuerza superior. Cuando su entorno advirtió esta alteración etológica, la mujer se vio en situación de intervenir, improvisó que se hallaba muy bien y que estaba “practicando una suerte de retiro espiritual que la obligaba a evitar la conversación”. Nadie cuestionó nada. Nadie, nada. Y para ella fue todo mucho más fácil.
Pasó un buen tiempo y llegó el día de retornar. Lo hizo con una canción, cantó con voz alciónica. Prescindir del habla había sido una experiencia maravillosa, tan profunda como dolorosa.
Si existiera una Universidad del Silencio, Sofía se habría graduado con honores; portando un vestigio de lástima en los ojos, y un "Doctorado en Comprensión del Mundo".



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IMAGEN Y TEXTO: Ana.

"OTRA YO", DIJO ELLA.

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Otra vez estoy ahí: hecha flor en pleno otoño. Otra vez a punto de marchitarme, tras el último beso de su boca.
La calle está igual de mojada, parece que ha llovido. Hemos caminado casi toda la tarde, dejando retratos en ojos desconocidos. ¿Qué habrán visto?
Nos vamos acercando a la puerta y yo quiero amenguar el paso, tropezar, caer, desmayarme.  Pero llegamos, llegamos y vuelvo a sentir que no queda más espacio en blanco, que el libro está completo.
Sin embargo, cuento los pasos notando que algo ha cambiado… y soy yo, otra yo. Ésta vez no permito que dé la vuelta, o sí, pero lo nombro. Dos sílabas flotan, un suspiro  lo abraza. Su mirada me interroga y corro hasta alcanzarlo, hasta creer haberlo alcanzado. No lo pienso más, me acerco rozando la punta helada de su nariz, y aunque me sangren los labios le digo: -“Te amo, mi amor, me haces falta”.
Tal vez algún día recuerde su respuesta, si es que la hubo. No sé si fue un beso contra la pared o una caricia delicada; no sé si fueron palabras o un silencio hasta el otro día. Creo que nunca voy a saberlo, por lo general uno no recuerda los instantes en los que ha vuelto a nacer, sólo sabe que nació, que sigue vivo; como hoy, cuando desperté y él no estaba. No tuve tiempo de mirar las paredes desoladas,  me acerqué con esfuerzo al velador, y un pequeño trozo de papel me saludaba:

“Reina: esperame con el postre, yo me encargo de la cena.”


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IMAGEN Y TEXTO: Ana.

VISTIENDO OTROS CUERPOS



Bueno, no estábamos tan mal. No tan mal como se creía. Eran días de perfidias, de muerte del lenguaje.
Algo aún latía, no se sabía qué.
Yo no me arranqué las pieles, ni me senté a llorar en el umbral de la noche. Yo prendí una vela, al mejor estilo Confucio.
Eran días de apatía, de misterio.
El mar, por fortuna, nunca estuvo lejos; su oleaje espumoso, a veces violento, me devolvió un destello por cada parpadeo.
Un hombre gemía en otras orillas.
El dardo que su orgullo lanzó, hizo de anestesia. Fallida anestesia... me ahogué en gritos que sólo sonaron en mi cabeza, pero mi conciencia permaneció lúcida... como herida abierta esperando sal.
Asi que ví, olí, escuché; quedé en el suelo de cara al Infierno, y me reí, como si no fuera yo.



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IMAGEN Y TEXTO: Ana.