Acostumbraba llevar un libro a sus sesiones, por lo general solía hallar pasajes que dirían con precisión, lo que ella no habría podido decir de manera mejor. Amanda se alegraba cuando esto sucedía, o a decir verdad, percibía disminuir su sensación de desprotección: las dolencias anímicas del hombre habían sido siempre universales, con diferentes rostros, pero con una misma esencia; y esto, por sobre cualquier paradigma cultural.
Entraba casi derrotada, sin esperanzas de una mágica receta que alejara eficazmente a sus fantasmas. Pero asumía la valentía de intentarlo, intentar conocer el trasfondo de sus pesares esporádicos, y también, de su manera frenética de vivir. No era una cita con el placer, era una cita con el dolor, y requería una importante inversión energética. Algo era indudable: en esos cuarenta minutos, por fin se dejaba ser.
Una vez devuelta de los brazos del verbo, se retiraba con paso firme diciéndose a sí misma: “suficiente por hoy”, y volvía a ser una normal, entre los normales.
Dedicado a Guillermo, quien fue mi terapeuta durante
tres inolvidables años.
tres inolvidables años.
Que descanses en paz Guille,
te extrañaré, cada vez que me toque crecer.
Gracias por tanta sabiduría
al momento de descifrarme.
Ana.
11-07-2011
TEXTO: Ana.






