Amanda no asimilaba los mecanismos del tiempo.
Sus ansiedades eran la defensa contra la amenaza de lo incierto.
-Enemigo subrepticio su defensa.-
Amanda se acostumbró a creer que existía un alma, y que ésta era inmortal.
Su cuerpo representaba sólo un medio de aprendizaje.
Amanda creía que podría morir al día siguiente,
o incluso en el instante en que acababa de aceptar dicha probabilidad.
Confiaba en que el amor, es el milagro del sentido de la vida.
-¡Desventurada soñadora!, se quedó queriendo sola.-
Quería poblar de hijos el planeta, colmarlos de luz,
pero Amanda se declaraba estéril.
Amanda aguardaba ansiosa la llegada de su alma gemela,
mas su alma gemela era aún una promesa de evolución.
Amanda comenzó a sospechar que ya era un ser completo.
Amanda era dichosa: le hablaba al mar, y el mar le respondía.
Caminaba despacio, serena, de regreso a su responsabilidad existencial,
con una esperanza renovada.
IMAGEN Y TEXTO: Ana.