De la mirada penden dos hilos:
Invisible unión
entre los párpados
y la comisura de los labios.
Los miro ayer, los veo hoy,
en un hoy que será mañana;
y los hilos de mi mirada se encogen
descubriendo las hazañas del tiempo,
desempolvando los logros del amor.
Me encuentro, a mí,
que soy y no soy
-somnolienta, a veces sombra-
olvidando con facilidad
la sencillez de ser feliz.
Me encuentro
buscando, padre,
casi con desesperación y hasta la tragedia,
esas primeras contemplaciones tuyas,
cuando mi fragilidad
despertaba tu ternura...
Me encuentro
juntando, madre,
mis lágrimas vertidas en tus manos
las veces que apagaste la oscuridad,
oscuridad de fantasmas y ancianos con bolsas,
años después,
la dolorosa adultez que también anochece.
Sé que los elegí,
y los amo.
Los amo en todos los tiempos verbales,
resumiendo,
por haberme abierto las puertas
a la encarnación.
Si algo aprendí,
aún escapa al imperio de mis palabras,
sólo percibo que tal vez se exprese
en ese lenguaje de miradas,
que penden de los hilos
que jala el corazón.
TEXTO: Ana.
IMAGEN: Año 1985 - Ana, mirando el mundo desde adentro.