Después que se consuma el deseo,
y exhaustos respiremos de cara al techo…
Después que la tormenta de amor
se desparrame dejando
vacíos nuestros cuerpos...
Cuando haya arrasado por fin
el torbellino de hormonas,
Y quede en la piel el sello de la muerte,
y nos aplaste la calma
con su sonrisa serena,
y venga el Olvido a instalarse en las ganas
robándose impune
de las sábanas las huellas…
Entonces después, luego y tal vez…
sabremos mi bien,
qué nos espera.

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