Amanda leyó tales palabras en la mente de un infeliz, que absorto pasaba por su lado, pateando las piedras que encontraba en el camino. Lo miró con recelo, se mordío los labios, y luego lloró.
Cuando el cielo comenzó a dibujar senderos entre las nubes, por fin un suspiro liberó su espanto. Recorrió con ojos turbios el paisaje indiferente y se puso de pie, contemplando con alivio, la inmensidad que la rodeaba.
Cuando el cielo comenzó a dibujar senderos entre las nubes, por fin un suspiro liberó su espanto. Recorrió con ojos turbios el paisaje indiferente y se puso de pie, contemplando con alivio, la inmensidad que la rodeaba.

IMAGEN Y TEXTO: Ana.

5 comentarios:
Muchas veces nosotros nos mordemo los labios al encontrar esa frivolidad en nosotros para poder borrar y hacer frente absurdas traiciones emocionales.
Nos identificamos con ese infeliz, pero no queda má remedio que suspirar y ponerse de pie ante tanto desgarro.
besos.-
Hay tantos infelices que son mayoría en todas partes.
En los gobiernos, en las ciudades, en los trabajos, en los amigos...
Amanda va a estar siempre muy sola.
Ella ve y los infelices son ciegos.
Besos.
muy bello, saludos!!
He sentido esa mirada en un ciego, y luego la libertad...
Misk
Gracias, estimados lectores... por sus cálidas apreciaciones acertadas...
Un abrazo que se multiplica,
Ana.
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