VISTIENDO OTROS CUERPOS



Bueno, no estábamos tan mal. No tan mal como se creía. Eran días de perfidias, de muerte del lenguaje.
Algo aún latía, no se sabía qué.
Yo no me arranqué las pieles, ni me senté a llorar en el umbral de la noche. Yo prendí una vela, al mejor estilo Confucio.
Eran días de apatía, de misterio.
El mar, por fortuna, nunca estuvo lejos; su oleaje espumoso, a veces violento, me devolvió un destello por cada parpadeo.
Un hombre gemía en otras orillas.
El dardo que su orgullo lanzó, hizo de anestesia. Fallida anestesia... me ahogué en gritos que sólo sonaron en mi cabeza, pero mi conciencia permaneció lúcida... como herida abierta esperando sal.
Asi que ví, olí, escuché; quedé en el suelo de cara al Infierno, y me reí, como si no fuera yo.



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IMAGEN Y TEXTO: Ana.

4 comentarios:

Rosana Martí dijo...

En algunas ocasiones y circunstancias, nos creemos que no somos nosotros o eso no nos está pasando, supongo que es para evadirnos de alguna manera, de que eso no nos gusta o sencillamente nos molesta. Precioso escrito mi querida Ana mis más sinceras felicitaciones.

Un beso enorme con todo mi cariño, pasa un bello fin de semana.

A. dijo...

Gracias Ro...
Otro beso enorme con el mismo cariño =)

Ana.

El magnetista dijo...

Mirar hacia el centro de las cosas boca abajo, expurgar silencios con la respiracion en la tierra. Y de repente, el mar late en nuestros sentidos, nos agita. La herida abierta se cierra con una vela incendiada. Parece anestesia, pero es meditacion en el centro.

mi beso.

A. dijo...

Oh... Magnetista... Me gusta el tinte místico de tu interpretación... me gusta. =)
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Ana.