Caía el ocaso, y la bruma fría había humedecido los pies de Amanda, que apurada y consternada, caminaba enceguecida dialogándose mentalmente:
“Doble vida. Jaja. ¿Quién no la tiene?
Que no se los afecten sólo infieles. Lleva una doble vida también aquel individuo que se silencia a sí mismo para hacerse más soportable la realidad. Las peores leyes morales no son las impuestas por los aparatos institucionales, o por el comportamiento sinérgico de la sociedad; sino, las que uno mismo se inventa, para esconderse de la verdad. Buscar auto-justificaciones, enunciar juicios de valor contra terceros, donde sólo hay falencias personales… Eso es terrible.
Digo, la moral aparece cuando existe la posibilidad de que un acto pueda ser juzgado de correcto o incorrecto por un orden externo al sujeto actuante, cuyo propio sentido moral será consecuencia directa de dicho orden. El sentido moral inflige temor. ¿Puede un pensamiento ser inmoral? Sí, pero pertenece al plano de la tentación.
Lo que se es, y lo que se intenta no ser.
Doble vida. Jaja. ¿Quién no la tiene?
Se puede ser honesto, e incluso, juzgado de inmoral.
Eso sí: hay un tiempo justo para no herir, lo otro, es obrar de mala fe.”
TEXTO: Ana.