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Pasé noches enteras buscando
motivos que no te hieran,
tierno ángel de alas tristes.
Como débil suicida sin convicción
imaginé tus labios, néctar del misterio,
y esas manos tuyas, siempre hambrientas,
arando la tierra infértil de mi corazón.
La hiena siempre gana, bestia dominante
me obliga a escarbar en tu pecho
con frías garras de filo ausente,
lo juro dulzura, ¡quisiera salvarte!
Siento el peso en mis hombros profanos
tu renuncia me colma de tesoros
si pudiera evadirlos, evitarlos…
sin dolor la cuerda habrías soltado.
Me voy de mis manos
en este ir y venir por los escombros
soy sombra errante y perdida.
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Ángel tierno de alas tristes
ahora tu vuelo
TEXTO: Ana.