En aquel entonces, el pasar de los días de Amanda estaba dominado por abstracciones. Consciente e inconscientemente, cada instante de existencia que dejaban sus pasos sobre la tierra, se hallaba impregnado de particulares reminiscencias. Lugares que juntos recorrieron, lugares donde nunca estuvieron pero sin embargo, les hubiera gustado conocer; lugares donde se sintió feliz tan sólo por recibir una noticia desde su lejanía, lugares donde lo pensó y lo sintió aún bajo su ausencia; caminos que en aparente soledad transitó con la sonrisa del enamorado, y otros, por donde ha quedado perdida alguna lágrima nacida del desprecio. Había noches en las que se resistía a entregarse al sueño, para no soñarlo.

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