QUERIDO HERMANO:


Cuando abandones la pubertad
y tu insoslayable virilidad te convierta
en un vigoroso hombre
de encantadora belleza,
te volverás tirano y mezquino,
de dulces bocas, asesino.

Necesitarás saciarte,
y luego una culpa inútil
llamará tu atención.
Querrás volver a ser el que eras
antes de volverte tan hermoso,
buscarás huellas inmaculadas en tu corazón.

Pero los caminos de regreso
se habrán disuelto bajo tus pies
borrando paso a paso la ingenuidad,
llevándote muy lejos de aquel,
que nunca más volverás a ser.
Es ésta mi verdad.

 
Te amo.

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