MÁS QUE DOS



Alto y delgado, hábil en el diálogo, de cabellos oscuros y tez clara. Atento en los modales, mirada viril y sonrisa inefable. Cuando la ternura lo invadía, solía fruncir casi imperceptiblemente el costado izquierdo de su nariz. Enigmático. Así era Fernando.
Casi de su misma estatura, joven y de movimientos alegres. Su delgadez completaba en Fernando el vacío de un abrazo ausente. Sus ojos eran territorio de la luna, y su corazón blando como el agua. Así era Amanda. 
Eran libres, o al menos, eso creían.

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IMAGEN Y TEXTO: Ana.

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