Lloró. No constituía la tragedia el sólo hecho de imaginar brevemente que de allí en adelante sus caricias tendrían otro sentido, o sus besos un sabor amargo. Tampoco era su llanto una queja contra la no correspondencia. Era peor: lloró la encarnación del desencanto, la muerte de su ingenuidad.
El paso de los días serenó el caudal de lágrimas y la vida de Amanda comenzaba a transcurrir naturalmente, sujeta a la continua rutina laboral de los últimos dos años, matizada por el advenimiento de eventos sociales diversos y efímeros, impulsada por un ineludible funcionamiento correcto de su orden biológico.


2 comentarios:
La verdad hermoso muy lindo, me encanta como escribes como puedes plasmar lo que sientes. Gracias por pasar por mi blog y por tu comentario.
Es la primera vez que entro a tu blog la verdad me pareció muy interesante. Te sigo y estamos en contacto.
http://el-ser-bohemio.blogspot.com/
¡Gracias! Es agradable intercambiar devoluciones… Publicar por este medio, suele generarme una extraña sensación de desolación. Así es que cada rastro de visita es tomado con merecida gratitud.
Saludos,
Seguimos en contacto. =)
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