Fueron dos o tres
las palabras
que de tu cúspide salieron
y que desde la distancia
del tiempo
bastaron
para alejarme de vos
definitivamente
y sin nada
nada
que decir.
No hace falta que
libere un “te extraño”,
no hace falta sincerarme
ahora que estás así
tan lejos
tan presente.
Lo que soy cuando te pienso
es lo que fui al mirarte,
al tener tu abrazo mío
cuando la mañana me regalaba
el primer reflejo de tus ojos:
yo en ellos.
No hace falta
insisto,
esconder lo inevitable,
llorar lo irremediable
buscarte en letras
cuando estás en el aire.
Y trato,
me esfuerzo,
por imaginarte sin desearte
disfrutarte así de libre
despojarme de piel y sexo
para quererte sin necesitarte…
pero soy mujer,
soy hembra,
soy inocente.
Tenías que hacer un tajito
y entrar
hacerte carne de letras
despertar a las musas relegadas
hablarme un poema
cantarme un insomnio
clavarte en el primer reflejo
del alba
y consagrarte al fin
en un puñado de versos
mal escritos.
Me cuesta el aire
pensarte así como estás
lejos
creer que hay algo imposible
cederte
a pesar del agujero inevitable
darle
la razón al tiempo siniestro.
Me cuesta el beso
que me sobra
en las mañanas taciturnas
sólo sé soñar
no conozco otra manera
de sentirte
aunque sepa ser dios o bestia
y me quede ancho el camino.
Magnetismo intermitente
trascendencia del tacto
en la memoria
quiere disolverse
cuando nos alejamos
dispersarse
como humo en la brisa
abandonarme.
II
Sin embargo persiste
circundante y abstracto
acaricia, abriga
en el aire se filtra
el encanto invencible
por dentro y fuera:
respiración consciente
ausencia imposible.
Ella mira la calle y quiere salir
andar, correr, escabullirse
en la noche infinita,
dejar por fin a la mujer cansada
y ser universal
de todos y de nadie,
sentir el viento en el rostro
y con una sonrisa implacable,
jugar a ser libre.
He roto la ilusión del espacio. Estamos, entonces, mirándonos. Me acerco, te acaricio. Mientras nos recordamos, la distancia agoniza, y las bocas tocan al fin una dulce sinfonía. Tu mano derecha siembra llamas en mi espalda, húmeda, tierra virgen obra del deseo. De un vuelo te enfrento, y el juego de las simetrías comienza.
Como oleaje de luna llena, dejás esquirlas de tu vida en mis orillas, y yo exhalo… no sé si respiro, sólo sé que exhalo.
La primer estrella de la noche enciende a las demás; no le aflige ser la única, sino, la mejor. Así, afuera el cielo luce igual para todos, excepto para nosotros dos: ocupados en llegar hasta un lugar sin tiempo.
De pronto una gota, tal vez una lágrima; y cada tanto, una sonrisa.
¡Que la noche sea larga, que los cuerpos no se rindan! que el abrazo de mis piernas te lleve hasta el último rincón, que el ritmo nos eleve y luego una mirada baste para decírnoslo...
El invierno fue tan duro... tanto abrazo vacío...
Hoy la verdad es el sol, el calor, el polen, las auras claras, la serenidad.
En el retorno a nuestro núcleo, beso el latido de tus células frescas, exquisitas… y otra vez entrás en mí, y yo en vos... y todo se vuelve un espiral, en las cercanías del lunar que adorna tu cuello.
.
TEXTO: Ana.
PIEZA MUSICAL: Tchaikovsky, Concierto para violín 1er y 2do mov. - Por Waldo de los Ríos